
Foto de la web: cinecoveralia.com
Si tenemos que elegir un momento en el cine español de comedia que supuso un antes y un después, ese es el del día que se estrenó “Air Bag”. El 26 de mayo de 1997, la película se empezaba a proyectar en los cines de España y se convertía en la gran revelación cinematográfica del año.
Un año en el que la comedia más destacada era “El amor perjudica seriamente la salud”, Pedro Almodóvar estrenaba su “Carne trémula” y Álex de la Iglesia se gastaba más dinero que en toda la historia del cine nacional en “Perdita Durango”, la irreverente obra de Juanma Bajo Ulloa hacía saltar la banca de las taquillas españolas.
La película más taquillera de la historia
Ese año, y luchando contra gigantes como Almodóvar o Ricardo Franco y la aparición del fenómeno Amenábar, Air Bag se convirtió en la película española más taquillera de la historia. Más de mil millones de las antiguas pesetas dejaron en las arcas los más de dos millones de espectadores que se sentaron en su butaca para presenciar aquella road movie a la española.
Eso sí, la alegría de ser la más taquillera sólo le duró un año. El tiempo suficiente para que hiciese acto de presencia otro no menos irreverente personaje. “Torrente, el brazo tonto de la ley” desbancaba a “Air Bag” de su podio bajo la dirección de Santiago Segura, quien, casualmente, se encontraba en el reparto de la perdedora.
Los guionistas de la película fueron el propio director, Juanma Bajo Ulloa, Karra Elejalde y Fernando Guillén Cuervo. Los dos últimos formaron parte del trío protagonista que completaba Alberto San Juan. Pero el reparto no se quedaba ahí. Figuras de la talla de Fernando Rabal, actrices de solera internacional como María de Medeiros o personajes populares de la televisión, como Karlos Arguiñano, compartían pantalla entre drogas, carreteras y prostíbulos.
Para el recuerdo
“Air Bag” rompió con el mito que de las películas españolas no podían ser un referente en la calle. En esa época, la gente repetía frases de los tripitidos capítulos de “El Príncipe de Bel Air” y comenzaban a comentar las hazañas de Homer Simpson. Lo único patrio de todo nuestro vocabulario venía del sur, de Chiquito de la Calzada, que daba sus últimos coletazos en televisión.
Hubo un personaje que caló por encima de los demás. Pazos, Pacitos. O lo que es lo mismo, Manuel Manquiña, que se ganó la nominación al Goya al mejor actor revelación. Perdió el galardón a manos de Andoni Erburu por “Secretos del corazón”, pero se llevó lo más importante: la eternidad.
Y es que, aunque parezca una exageración, el que no se acuerde de su personaje cuando alguien habla del “concepto”, de lo “profesional” que es algo o admire cómo otro “nada en la ambulancia” es que no tiene memoria…
La película no deja títere con cabeza. Los vascos, con su lehendakari negro, los gallegos y los portugueses, los políticos corruptos, la iglesia (no hay nada más genuino que Albert Pla de cura cantando “Soy rebelde” en un prostíbulo…) o las capas altas y finas de la sociedad. Quien más y quien menos, recibe una agradable colleja a lo largo de las dos horas de duración.
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