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Alex de la Iglesia, nacido en Bilbao, es hoy un director reconocido, casi de culto, que ha llegado a revalorizar ciertos componentes de un cine que roza permanentemente lo marginal, cuyos personajes oscilan entre lo patético y lo hilarante y su verborragia acompañada de imágenes sangrientas han logrado armar un verdadero sello personal.
Mucho ha pasado desde que en 1993 se estrenara “Acción mutante” impactante película en la cual uno de los personajes llega a cargar con su hermano siamés muerto y embalsamado. “Los crímenes de Oxford” es una película que bien podría no ser de este director, o por lo menos no responde a su estética más habitual.
Algunos datos sobre esta película
Este filme está inspirado en el libro llamado “Crimines imperceptibles” de Guillermo Martínez, y fue realizada en conjunto por dos países, España y Reino Unido. La historia nos presenta a un joven estudiante llamado Martin (Elijah Wood) que viaja a Oxford desde Norteamérica con el objetivo de convencer al profesor Arthur Sheldon (John Hurt), reconocido profesor de lógica, de que lo dirija en su tesis.
El vínculo entre ellos dos se desgarra a partir de discusiones propias de su área de estudia que son las mismas que luego los llevan a una cohesión como dupla de investigación. Casi como algo casual encuentran a una anciana, conocida de ambos, muerta en su casa. El caso comienza a investigarse como asesinado y el par protagonista encuentra a partir de ese crimen una cadena lógica que encerraría otras acciones. Los recorridos por el mundo de la lógica permiten reflexionar acerca del orden mismo que recorremos en nuestras vidas.
Estos dos personajes buscan cadenas que asocien hechos, casi como condición a priori para que algo suceda. En este contexto ¿dónde queda el azar? ¿Existe realmente? ¿Todo está predeterminado por una cadena lógica iniciada por alguien? ¿Todo hecho está irremediablemente relacionado con otro? El argumentos sostiene que si estos profesionales detectan cual es la cadena que hila los hechos será posible detener el siguiente, cortándola pero ¿es posible detenerla una vez que está comenzada? Y yendo un poco más lejos ¿puede el hombre manipular un destino ya predeterminado? Y ¿Quién crea estas cadenas, el que las hace o el que las lee?
¿Un nuevo Alex de la Iglesia?
Ciertamente el estilo que tiene este filme difiere mucho de los anteriores. El “estilo de la Iglesia” se borronea para dar lugar a algo diferente.
Sin embargo, esto puede ser leído también como una muestra de un director que puede moverse en diferentes terrenos sin dificultades.
No necesariamente tiene por qué tratarse de un giro en la filmografía de director, habrá que esperar un nuevo filme para ver si profundiza este camino o vuelve a su estilo más clásico.
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