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“En cuestiones demoníacas, prefiero dejar de lado a los intermediarios para tratar directamente con el patrón.” Éstas eran las palabras del realizador, que contaba apenas 30 primaveras a la fecha del rodaje, se hicieron carne en Angel Berriartúa (Alex Angulo, su actor fetiche), un cura pequeñito y calvo que estaba convencido de que el Anticristo nacería en Madrid, durante la madrugada navideña de 1995.
Pocas horas antes
El crepúsculo de aquella tarde monopoliza las escasas luces diurnas de El día de la bestia, que se entrega luego a las penumbras de una noche estructural, omnipresente, que terminará imponiéndose como un personaje más. Berriartúa quiere eliminar al Diablo, pero ignora el lugar exacto del alumbramiento, por lo que decide emprender una serie de pérfidas acciones por los barrios más canallas de la capital, para así atraer naturalmente a Satanás.
El cura se emborracha, envía a moribundos al infierno y, mientras busca “uno de esos discos que emiten mensajes diabólicos si se los pasa para atrás”, encuentra a su primer aliado, José María (Santiago Segura), un gordo hipertatuado y fanático del heavy-metal.
Poco después se les sumará el profesor Cavan (Armando de Razza), un embaucador televisivo que se autotitula experto en magia negra.
Suma de Contradicciones
La suprema gracia de El día de la bestia surge de la suma de contradicciones aparentes de esta triple alianza que, a su vez, no deja de postularse como la mejor imagen del mundo al revés propuesto por De la Iglesia. Pero las inquietudes del artista también encuentran un resquicio en el espíritu documental que tiñe a los encuadres madrileños. De la Iglesia filmó durante la verdadera Nochebuena en las calles de la capital, pero buscando siempre las señales del Apocalipsis. Las criaturas más perversas que encontró provienen tanto de su imaginación como de las crónicas policiales: unos fascistas abocados a masacrar a los sin techo. Especie de cornetas sórdidas, anticipan sutilmente la aparición en carne y hueso del Demonio y demuestran que no todo es risa en este esplendoroso festival.
Exquisitas composiciones de cuadro, un timming alucinante y un montaje eximio se combinan en El día de la bestia con una portentosa galería de roles secundarios: Terele Pávez (“la Vincent Price española” según la definió el director), Nathalie Seseña (una especie de Rossy de Palma sexy en el papel de una virgen cuya sangre será codiciada para los rituales) y la versión más exquisitamente maquillada del Maléfico que se haya visto en mucho tiempo.
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