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Medem, los amantes y el círculo infinito

por Elena López Cámara 31 - Julio - 2009
Foto de la web: amazon.com

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‘Los amantes de Círculo Polar’, de la que os hablamos hace poco, es una historia guiada por el mundo de los personajes. Ambos se ven envueltos en un círculo (además del Polar que da nombre a la película) que representa fielmente el cine de su autor. Sin embargo, el recurso de contar una historia como si de círculos concéntricos se tratase, se aprecia en esta película más que en ninguna otra.



El círculo de la vida

Es una historia con un tratamiento temporal quebrado y no lineal, que avanza en grandes elipsis y que es seguida desde el punto de vista de ambos protagonistas, dividida en pequeños episodios que llevan sus nombres alternativamente y luego títulos que semejan capítulos de una novela (“El Círculo Polar”, “Los ojos de Ana”, “Otto en los ojos de Ana”) El tiempo es, además, circular, las imágenes y las frases del inicio y del final de la obra son casi idénticas (Otto reflejado en los ojos de Ana) Medem plasma, en las imágenes y el guión, el propio ‘Círculo de la vida’, sin olvidarse de otros de sus grandes temas: el azar y el destino.

Esta estructura circular se simboliza también en el Círculo Polar Ártico, destino final de encuentro entre los amantes. Está presente en todo momento. No sólo el título de la película alude a ella, sino que además, se remarca la importancia a los nombres capicúas de los protagonistas (Ana y Otto), como el del propio director. Además, estos mismos nombres servirán para que nuevamente el destino, saque a la luz el pasado y las coincidencias en el futuro.

El poder del destino

Medem interpreta el argumento como una circunferencia o incluso como una estructura en espiral, en la que los encuentros de los protagonistas son marcados por el azar, según la llamada del destino, que les junta y separa sin que ellos puedan hacer nada para evitarlo.

Los episodios son contados desde los puntos de vista de los dos protagonistas a modo de recuerdos. Los símbolos se repiten: los nombres, el avión, los mensajes secretos, los frenazos bruscos con el coche frente a un autobús, las huidas y el arce. No parece existir el punto de salida ni de meta, todo es circular.

Aunque eso sí, existe un punto en el que parece que la historia dará fin: el Círculo Polar Ártico, al que se alude durante toda la película de manera casi obsesiva. La primera vez que se besan acaban de ver un arce en un libro de texto; ambos se encuentran frente a un escaparate de viajes a Laponia; y en la cabaña de Finlandia, Ana encontrará nada más llegar un cuadro de un arce.



Cada elemento tiene su función

Pero no sólo las imágenes modelan la forma de la película. Los diálogos también están pensados para ese fin. Así, las primeras palabras que Otto (narrador) pronuncia son: “Es bueno que las vidas tengan varios círculos, pero la mía, mi vida, sólo ha dado la vuelta una vez y no del todo, falta lo más importante. He escrito tantas veces su nombre dentro… Y aquí, ahora mismo, no puedo cerrar nada. Estoy solo” Unas palabras similares se oirán al final de la película. Y es que, hasta que Otto no encontrara a Ana, su círculo concéntrico, nunca podría cerrar ese círculo de su vida.

Por si todo esto fuera poco, numerosos elementos fílmicos contribuyen a dar aún más fuerza a la energía circular del film: decorados de formas curvas, aviones con ventanas redondas, atrezzo y símbolos totalmente pensados, el lago, el cuentakilómetros, el propio sol o la luna llena. Todo un universo que Medem sabe crear como nadie, y que crea una fuerza centrífuga en la que los dos jóvenes amantes sólo pueden dejarse llevar.

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