Contamos, en nuestros días, con una suerte de rechazo instaurado consistente en considerar, a priori, todo film español como inmerecedor de nuestro tiempo. Una deslegitimización institucionalizada por la que las películas de origen nacional son prejuzgadas, en su mayoría, como un conjunto de prácticas banales y deslucidas, artífice de la degradación del pueblo español; propias de un arte muy alejado del séptimo puesto.
Se admite, por lo general, la existencia del algunas excepciones; largometrajes valedores de cierto éxito y comedido reconocimiento (sirva de ejemplo la homenajeada Celda 211) Más, en altísimo porcentaje, las películas españolas están asociadas a la instrumentalización ideológica, la técnica decadente, el argumento pobre y manido.
A mi parecer, la realidad dista mucho de esta tendencia. En todo caso, soy consciente de que una opinión vale de muy poco -menos aún cuando sólo es una-, por lo que me ceñiré a un dato objetivable. Y es que el cine es el medio o entretenimiento idóneo para engrosar as arcas de un país (aspiración bastante loable en un momento como el actual), así como para conformar un pensamiento colectivo sobre una determinada materia. Ya en su momento, el neorrealismo italiano empleó la gran pantalla para superar la imagen de una Italia fascista, asesina y totalitaria; para mostrarnos el glamour de sus calles, la elegancia de sus habitantes, el esplendor de sus paisajes.
Esta idea debiera servirnos para deshacernos de los tópicos, esforzándonos todos por otorgar un voto de confianza a nuestras películas, por hacer de nuestro cine un compendio de las virtudes que nos caracterizan para mostrárselas al mundo y a nosotros mismos.
Popularity: 13% [?]



