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El cine como otros sectores culturales tiene la misión de ir reflejando el incansable devenir de la historia, donde se incluyen, como no podía ser de otro modo, todos los aspectos políticos integrantes de la sociedad. En el metraje de “Todos a la cárcel”. Berlanga, intenta reflejar la situación del momento político de España, a través del variopinto conglomerado de personajes que conforman el reparto.
Para muchos analistas y críticos de cine, “Todos a la cárcel”, supone la continuación de una película que fue un éxito en su época, “la escopeta nacional”, aunque trasladando todos los chanchullos y recovecos de la vida política y empresarial de la época franquista, al período democrático. La diferencia, es que la cacería, en esta ocasión, es sustituida por una cárcel.
‘Saza’
El argumento, la fotografía y el encuadre se unen en un escenario común, la cárcel, concretamente la de Valencia. El enredo comienza, ya en época democrática y con el PSOE al frente del Gobierno, con la celebración del Día del Preso de Conciencia. Jornada en la que se mezclan los presos encerrados por motivos políticos y los presos comunes.
En esta situación se producen las situaciones más disparatadas, aunque sobre todos destaca el personaje de Artemio, (José Sazatornil) un pequeño empresario de la rama sanitaria, que se va a ver envuelto en la persecución de un subsecretario del gobierno, para cobrar una deuda que asciende a los ochenta millones de pesetas. Un gran actuación, del maestro ‘saza’, que le otorga gran comicidad al filme.
Un auténtico lío
Lo cierto es que la película refleja de manera brillante, los personajes y el espacio esperpéntico que Valle-Inclán definió en alguna de sus obras. Teniendo en cuenta esto, la cárcel donde se desarrolla la acción, se convierte en un espacio totalmente esperpéntico donde mezclan: la relación entre el director de la prisión y un travesti, una pareja de excombatientes, como no, uno rojo y otro nacional, que sorprendentemente se ponen de acuerdo, a través de sus largas experiencias como presos políticos ó las reivindicaciones de un actor gay.
En definitiva, un conglomerado de personajes que da como resultado una película divertida, donde sobresale Sazatornil y en la que sobran algunos chistes sexuales y escatológicos un tanto forzados. Aún así, una comedia muy recomendable
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